Las noches temblorosas
me saben a pecados.
Consumida en una hoguera
mi alma gime aturdida.
Pinceles improvisadamente
pintan la angustia,
señalan caminos inciertos.
¿Dónde están las manos salvadoras?
¿Dónde están los espejos piadosos?
Sobrevivo a tu mirar
y a sus dulces fragancias.
Ebria,
sostenida en mis pasos tambaleantes,
huyo, busco, anhelo,
miro, lloro.
No encuentro
la paz de mis colores.
Cascabeles de antaño me invitan
Recorren en mi mente
pasos andados,
inclemencias de una inocencia perdida.
Moribunda me arrastran
lejos
de una juventud ahogada.
Mis constelaciones
dibujan
una imagen tersa.
Todos
los rostros amados.
sepultados en las primaveras del tiempo.
Todos son pecados.
Es en el infierno
de mis sueños caídos
donde deambulan,
donde una vez más muere mi alma,
donde renazco con vanas esperanzas.
Quebrada
como un cristal
reúno mis cenizas bajo el esplendor
de mis esperanzas.
Ya no estás.
Artexier