Con placer me encuentro releyendo una vez más las páginas de este libro, en él encuentro tiempos compartidos, caminos transitados, juntos en la búsqueda de encontrar un sentido.
Dice un refrán belga de autor anónimo “el silencio encoleriza al demonio” y digo que, vencer a los mismos es animarse a bucear en uno mismo, cuando eso ocurre se descubren cosas no buscadas, uno se interna en el recorrido de laberintos, en espejismos que se pierden entre lo que alguna vez fue y lo que es y lo que hubiera querido ser.
Esta obra, la cadencia, la música de la palabra, la imagen es la necesidad genuina de plasmar quizás la transformación, el crecimiento que conlleva el encuentro con uno mismo, no sin dolor, pero ese atravesamiento quizás haya permitido abrir caminos, crear, producir, gestar esta obra y otorgar al lector la posibilidad de deleitarse con la misma.
La palabra del analista tan sólo es la llave para abrir algunas puertas, pero es preciso desear y animarse a ingresar a otros mundos, donde ciertos recorridos concluyen, pero se inician otros como el arte, donde la palabra intenta con su magia encontrar un sentido transformador.
Sin temor a equivocarme, sé que los dos hemos aprendido como ocurre en todo vínculo, seguramente muchos capítulos quedaron atrás, superaste temores, toleraste pérdidas... Se inicia una nueva etapa, cobra vida tu sensibilidad artística, nace tu obra poética; en la cual si bien me otorgas el privilegio de incluirme, sé que tan sólo he sido instrumento y vehículo para que pudieras plasmar tu deseo, dejando huellas a partir de crear este libro que regocija y embellece.
Jorge Juan
|